domingo, 3 de noviembre de 2013

Tragedia en la mina leonesa

Tragedia en la mina leonesa by Argayu
Tragedia en la mina leonesa, a photo by Argayu on Flickr.

Tragedia en la mina leonesa



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En un accidente provocado por el grisú en el día de hoy, fallecen seis mineros en el Pozo Emilio del Valle, en Santa Lucía, término municipal de Pola de Gordón.
Sirvan estas palabras de apoyo a los familiares, a todos los mineros, extraidas de libro " fundido a negro carbón" de Monty ,prologado por Pablo Medina.
" Lluchar ye vencer y nun queda otru remediu, como dicía mió pá naquel febreru fríu de la casa de La Vega, que lluchar demientres nos quede aliendu.Sobrevivir ye una victoria".
Y todos esos mineros fallecidos hoy no sobrevieron.Yo me pregunto ahora que dirán todos esos desalmados e ignorantes que en los foros de la prensa digital, se desahogan escupiendo sus bilis contra los mineros.
Que no encuentren descanso ni el infierno, que para las estrellas se van las almas de los hoy fallecidos al encuentro de miles de compañeros de todo el mundo,

Pare escuchar, para fundir nuestras lágrimas , nuestro dolor y nuestra rabia:
En la planta catorce.Victor Manuel
La tragedia mil veces repetida ....como rezan las estrofas ...

www.youtube.com/watch?v=aNGDgP9pSB8

Manuel, de oficio pastor (Relato)

Manuel, de oficio pastor. Titulación : Doctor en Ciencias de la vida.

Después de completar una ruta por el Puertu L.leitariegos (leáse Cheitariegos), Puertu Zarreu y Puertu Rañadoiru, todavía nos quedaba un margen de tiempo, antes de caer la noche. Decidimos subir hasta el Pozu das Muyeres Mortas, puerto de montaña, que une las tierras de Cangas del Narcea con las de Ibias.

La luz se empezaba a filtrar y dejaba caer sus rayos sobre el Pozu das Muyeres Mortas. Un pequeño rebaño de cabras pasta al lado de la carretera. Pero al alzar la vista hacia la ladera de la montaña, vemos un interminable ejército de cabras descender zigzagéando por una senda casi borrada y que permanece viva gracias al tránsito del ganado caprino.

El rebaño se hace acompañar por media docena de perros mastines, que en un primer instante, nos dieron un buen susto, pero que en palabras de su dueño, solo pretenden acercarse a la gente, a ver si les ofrecen algo de comer. El rebaño va cruzando la carretera y, sin ninguna indicación, emprende un pronunciado descenso camino del cercado que lo mantendrá protegido por la noche de los ataques de los lobos, supervisada su seguridad, por la protección de los enormes perros mastines.

Parece que todo está en orden, que todo sigue su rutina diaria, hasta que irrumpe con fuerza la figura del pastor. Manuel, se hace acompañar por otros dos perros, un pastor de los Pirineos y otro perro de raza indefinida, que son los auténticos guías del rebaño, ellos son los que encaminaban a las cabras por los lugares por donde Manuel quiere que vayan. De la protección ya se encargan los enormes y pesados mastines, pero el ajuste fino, el manejo del rebaño, lo llevan estos dos perros de mediana figura.

Creo que nunca he visto un rebaño de cabras tan voluminoso, de ovejas seguro que sí. Por eso mi primera pregunta fue de asombro. ¿Cuántas cabras traes contigo? A lo que Manuel, rápido y astuto, contestó con otra pregunta “¿Es usted matemático?”. No me quedó más remedio que tomar otra dirección en la conversación pues quedaba claro que esa pregunta no obtendría respuesta. Ante esta clase de preguntas, el propietario del rebaño responde siempre con otra pregunta a la inversa. Tengo un amigo, Pedro, que conoce bien la manera de ser y pensar de los ganaderos .Pedro demuestra su manejo de la situación cuando quiere saber el número de reses de un rebaño entablando una particular subasta. ¿Tienes cinco vacas? “Bueno, alguna más” ¿Entonces tendrás como unas diez? “No hombre, alguna más”. Pedro llegó de esta manera, en algún caso, hasta alcanzar las doscientas vacas que formaban rebaño.

No era cuestión de aplicar la técnica de Pedro, no había mucho tiempo. Las cabras se escapaban monte abajo, era mas importante escuchar, que especular o elucubrar. A fin de cuentas, qué importancia tienen cien o mil cabras, lo importante era extraer experiencias y destilar la sabiduría de la conversación de Manuel.

Manuel, a jirones, va dibujando trazos de su curriculum vitae. Cincuenta años de pastor y cinco más de vida. Solo cuando hizo el servicio militar allá en Cádiz, mil kilómetros más hacia el Sur, abandonó el Valle de Valledor y las montañas, donde su cabras campean y pastan día a día. Allá en Cádiz, bajando por la Ruta de la Plata, mirando el mapa hacia abajo, Manuel se las apañó para ser peluquero, de peluquero ejerció durante el tiempo que duró el servicio militar, nunca lo había sido, y nunca lo volvería a ser. Siguió los sabios consejos de su padre, y su experiencia en trasquilar ovejas la trasladó a trasquilar seres humanos. A veces la diferencia es mínima y otras las ovejas tienen comportamientos, que para nosotros quisiéramos, los que nos hacemos llamar seres humanos. Su eventual oficio de peluquero le llevó a cortar el pelo al Gobernador Militar de la Provincia de Cádiz en su propio domicilio. Por lo visto Manuel lo hizo tan bien, que llegó a escuchar alabanzas por su destreza en el manejo de las tijeras. Vivir para ver, de las tijeras para trasquilar el pelo de las ovejas, a las tijeras para cortar el pelo de los militares.

Sus cabras, su rebaño, sus mastines, necesitan de un pastor que los maneje. No hay vacaciones para Manuel, las cabras comen todos los días, sábados, domingos, Jueves Santo, Navidad, Año Nuevo, Reyes …A Manuel no le queda otro remedio que soltar las cabras del aprisco y encaminarlas monte arriba, en busca de nuevos y rebrotados pastos. Así un día y otro. Manuel, en la soledad acompañada de perros y cabras, va tejiendo pensamientos y reflexiones que une a su manera de ver la vida. Dispone de mucho tiempo para desarrollar la capacidad del ser humano para estructurar pensamientos y reflexiones vitales. Va dejando, a modo de pequeñas sentencias, reflexiones sobre la presencia del lobo, enemigo ancestral de pastores y rebaños. “Cuando éramos muchos más pastores y más rebaños, si el lobo se llevaba dos o tres ovejas o cabras, no tenía mayor transcendencia, ahora, en estos tiempos que corren, no puedo ser la cocina y despensa del lobo”. Por eso arremete contra los políticos, a los que acusa de hacer mas daño que el propio lobo.

El desfile de las cabras, es como una sucesión interminable pero constante. Se observa que muchas de ellas están preñadas. Manuel no tiene ningún inconveniente en admitir que casi todas. Ante esta afirmación, no me queda otra opción, que preguntarle al pastor que con cuantos machos cuenta el rebaño. Ahora si que la cuestión numérica no es ningún obstáculo. ”Solo son cinco machos, pero andan muy listos” contesta Manuel.
A la vista está. Vida más que placentera la de estos machos de cabra, con tanta oferta no creo que tengan que andar en disputas entre ellos.

Va discurriendo la conservación en la parte alta del Valle de Valledor, arrasado en gran parte por un incendio hace dos años. Desde el Pozu de las Muyeres Mortas, se inicia una carretera que termina en Berduceo, allí tiene sus raíces familiares mi amigo Salvador. Me pongo en contacto con él vía telefónica. Primero para saber si está en Berduceo, pues sé de su tendencia a pasar días y temporadas en su pueblo natal. Segundo para preguntarle por el nombre de su casa familiar, que es como se reconoce la gente en los pueblos. Aquí en nuestro pequeño país, en cuanto rascas solo un poco, van apareciendo conocidos en común, que a veces llega a alcanzar un rosario interminable de nombres de personas, de pueblos, de viejas y nuevas historias…

La casa de Salvador, se conoce por la casa Carraputeiro, nombre por el que se conoce en aquellas tierras el Serbal silvestre o de los cazadores (Sorbus aucuparia), árbol que en mi tierra se conoce por cafresna, y que dió nombre a la casa de la familia de Salvador, por estar rodeada de serbales, cafresnes o carraputeiros. El Serbal en otoño nos muestra la belleza de sus hojas de bordes aserrados y cuando se desprende de ellas, emergen sus bayas rojas, que algunos animales como martas y zorros, utilizan como purgante. Ante alguno de sus males, comen las bayas que no llegan a defecar, sino que lo regurgitan. Los caminos y sendas se presentan entonces llenos de estos restos, por lo que da a entender la amplia presencia de mustélidos y cánidos afectados por algunos desajustes alimenticios. Eso lo comprobamos bien en Muniellos por donde un día más tarde transitaríamos.

Cuando, como decía, el serbal se desprende de sus hojas, sus bayas rojas dan un toque de color muy interesante en medio de otras especies de árboles caducifolios, pues este es un otoño que nos sorprende por emerger con demasiada lentitud. De alguna manera, las bayas rojas, destacan sobre las tonalidades tan ricas en matices del otoño, de nuestra querida y amada “seronda” (otoño).


Hecho este pequeño apartado, volvemos a estar con Manuel. Tengo la máquina de fotos en la mano y no me resisto a marchar sin hacerle un retrato. Aunque la verdad es que si me fuera sin el retrato, ya sólo con el fondo de la conversación, me doy por más que satisfecho. Pero los aficionados a la fotografía sabéis de la dificultad que supone separar la vida del visor de una máquina, y aguantarse sin que todo pase por esa manera de ver lo que se nos cruza en el camino. Es como un tercer ojo, que todo lo ve, todo lo observa, todo lo analiza. Por eso a Manuel, le dejo caer la pregunta si le importa que le haga una foto, pero la pregunta queda en el aire hasta que después de unos minutos es él, el que la reclama. Me gustaría haber hecho la foto del pastor con el rebaño, con los mastines, pero me conformo con un retrato a medio contraluz, que prometo hacerle llegar.

Compartir espacio y tiempo con algún parroquiano, en el territorio que le vio nacer, es una oportunidad para conocer de primera mano, el nombre de los pueblos, los accidentes geográficos, los lugares, las anécdotas. A media ladera de la montaña situada al norte, casi recorriéndola en diagonal, Manuel nos muestra los restos de una conducción de agua de los romanos, un canal (corrugi en latín) que utilizaban para el transporte, posterior almacenamiento y desborde para que una vez lanzadas las aguas ladera abajo, arrancaran materiales acompañados de pepitas de oro. Es el método de “ruina montium”, que con tanto éxito utilizaron los romanos en Las Médulas leonesas o en las minas diseminadas por el occidente asturiano.


En pleno siglo XXI, en la época de las conexiones informáticas, en la era del dominio de internet, la marca indeleble del paso de los romanos por territorios de los astures permanece viva delante de nuestros ojos, justo por encima de la senda que recorre cuesta abajo, el rebaño de cabras de Manuel. De alguna manera se están uniendo el pasado y el presente.

Se va haciendo tarde, para Manuel y para nosotros. El tiene que acabar la jornada , encerrando las cabras en el aprisco y regresar a su casa. Nosotros tenemos que regresar al hotel, a un viejo monasterio, hoy rehabilitado, donde nos quedan muchas cosas que ver, preparar las mochilas para la jornada siguiente. Hay que madrugar y acometer la andadura por el bosque de Muniellos. Nos gustaría que nos acompañara Manuel, para recibir otra lección magistral de vida, pero él volverá una mañana más al amanecer ,con sus cabras y sus perros al monte y nosotros a completar una jornada de montaña y naturaleza entre robles, abedules, avellanos, arandaneras, serbales, piornos … arroyos y ríos. Una naturaleza totalmente restaurada después de cuatro décadas, sin que la mano del hombre tocara este bosque considerado la mayor mancha de robles de la vieja Europa.

miércoles, 9 de octubre de 2013

De vuelta al hogar

De vuelta al hogar by Argayu
De vuelta al hogar, a photo by Argayu on Flickr.

Cansados, somnolientos los viajeros vuelven a casa.Atrás posiblemente ha quedado una dura jornada de trabajo.
Se han levantado temprano, han dado lo mejor de si mismo.Un día y otro, trabajando en silencio.No roban, no engañan a nadie.Cumplen con sus obligaciones laborales.Ellos sin duda no son los culpables de la crisis.No somos culpables de esta crisis.

martes, 8 de octubre de 2013

Pimientos

Pimientos by Argayu
Pimientos, a photo by Argayu on Flickr.

Mi amigo Jose el Chupau, me volvió a regalar esta año pimientos, el me dice que son pimientos del Padrón, a mi me parece que no lo son.
El caso es que el año pasado, cuando me regaló unos pimientos verdes muy similares a estos de la foto, me aseguró que picaban un poco.
Cuando los probé se me saltaron las lágrimas, la garganta me picaba horriblamente, por los poros de la piel parecía que salía el picor de los pimientos.
A Jose el Chupau, al que aprecio mucho, pues desde los años que lo conozco, siempre me demostró que es un paisano honrado y trabajador como hay pocos, le voy a dar una segunda oportunidad con los pimientos.
Si vuelven a picar tanto como el año pasado, seguro que no vamos a perder las amistades.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

La mirada de Mario

La mirada de Mario by Argayu
La mirada de Mario, a photo by Argayu on Flickr.



Sonó el despertador a las seis en punto de la madrugada. En realidad solo un cuarto de hora antes de lo acostumbrado. Pero no era para ir a trabajar. Siempre digo que me encantaría madrugar para desayunar croisants, café con leche y zumo de naranja y leer los periódicos con tranquilidad. Madrugar sí, pero para ver amanecer, ir a la montaña o al río a pescar, hacer fotografía o a ver el tiempo pasar.
Pero el destino para el día de hoy era distinto. Iba a hacer algo que llevaba mucho tiempo deseando hacer, pero que la vida y sus circunstancias me habían hecho aparcar y dejar pasar. Viví muchos años prácticamente al lado del Pozu Modesta en Sama Llangreu. El 4 de Diciembre, día de Santa Bárbara, patrona de los mineros, no teníamos clase, era fiesta en las dos Cuencas Mineras de Asturias: la del Nalón y la de el Caudal. Resonaban los barrenos como truenos en todo el valle. Era la señal acústica que recordaba y celebraba a Santa Bárbara.
Pero la mina estaba ahí, todos los días y todas las noches, siempre presente. Al oscurecer nos asomábamos a la ventana y veíamos circular los pequeños trenes eléctricos entre los pozos de Modesta y el mítico pozu de El Fondón.
Era un espectáculo gratuito, lleno de luces y, si abrías la ventana, también de ruidos. Las pequeñas máquinas contactaban su pantógrafo sobre la catenaria y despedían cientos de luces, que encandilaban nuestras retinas infantiles. Paralela y cercana a la vía minera discurría la vía de RENFE (Red Nacional de Ferrocarriles Españoles) y, aunque más cercana en el espacio y también atractiva para nosotros, no había nada mejor que aquellos pequeños trenes mineros, que se nos antojaban como juguetes.
Aquel fue nuestro primer contacto con la mina. Sin embargo, una tarde de primavera o de otoño, no recuerdo bien, subimos con mi padre en el viejo Citroen a la localidad langreana de La Nueva. Coincidimos con la salida de uno de los relevos del Pozu Samuño, decenas de mineros con los rostros tiznados de negro cruzaban la carretera. Aquella imagen impresionante quedó grabada para siempre en mi retina.
Poco tiempo después la mina se acercó más a casa de mis padres. La huelga del año 62, “La Huelgona”, acorraló las casas de los mineros y de sus hijos en forma de hambre. Aquella lucha minera, que en principio fue una protesta laboral, se transformó en una huelga política, en una lucha directa contra la dictadura franquista. El hambre trajo a nuestra casa a Gelito, hijo de minero, pero a otras muchas casas llevó a otros “gelitos”. Era una llamada a la solidaridad que se extendió, como reguero de pólvora por las cuencas mineras.


Eran demasiadas coincidencias con la vida y la cultura de la mina (ampliada con el paso de los años, con amigos, conocidos y vecinos que trabajaban en la mina), para dejar pasar la oportunidad que se me presentaba de bajar y ver de cerca una mina de carbón.
Muchas veces, a esa misma hora, había recorrido de noche el camino hacia el puerto de San Isidro, para ir a la montaña, dejando atrás el Pozu Santiago. Pero, hoy, era ese el destino y no otro. Aquella noche había alimentado alguna duda sobre la experiencia de bajar al pozo, incluso en sueños habían conectado con la visita minera. Sabía que no podría sacar fotos dentro de la mina y mis sueños se enlazaron con esa prohibición. Imágenes de una cuerda suspendida sobre un charco de agua en la que aparecían colgadas camisetas de distintos colores. En mi sueño parecía que había perdido la oportunidad de sacar una buena foto. Luego pude comprobar que la buena foto, se alejaba mucho de aquellas camisetas. Más irreal resultó la parte ampliada del mismo sueño, la rampla, que es el lugar donde se extrae el carbón. Era como una pirámide invertida y muy aérea. No estaba encerrada dentro de la mina, como ocurre en la realidad, sino que pendía suspendida en el aire y era necesario superarla en posición invertida, es decir cabeza abajo.
El despertador puso la realidad en su sitio y el sueño terminó. Y para bajar a la mina, nada mejor que un buen desayuno: huevos a la plancha y café con leche y galletas.
Media hora y un poco más de tiempo, ya estaba aparcado delante de las oficinas del Pozu Santiago, en el lugar que me había indicado Mario. Hace falta firmar unos documentos donde se asegura que no padeces claustrofobia, arritmias, diabetes insulinodependiente …. y atender a las explicaciones que nos dieron acerca del funcionamiento del “rescatador”, que en realidad es una caja con una bolsa y un tubo que será tu seguro de vida ,en caso de que la concentración de grisú se eleve por encima del nivel de seguridad o en otras circunstancias adversas.
Ya sólo queda pasar por el vestuario, recoger la ropa y caminar hacia el castillete del pozo, donde está el embarque. Allí se coge la jaula y a cuatro metros por segundo se desciende hasta quinta ( la planta 5ª). La jaula es en realidad un ascensor con la forma de una jaula, que sirve lo mismo para transportar vagonetas (pequeños vagones) que llevan en su interior material, o también personas. Puede parecer que descender a cuatro metros por segundo es mucho descender, pero en ese momento con las luces de las linternas frontales encendidas y con los cascos puestos, me estoy dando cuenta que estoy perdiendo una buena foto. Unos momentos antes de detenernos en quinta (la planta 5ª) la jaula inicia un frenado progresivo. Por la otra parte de la caña del pozo desciende y asciende a 11 metros por segundo ,el “skip”, una especie de contenedor inmenso capaz de transportar unas 20 toneladas de carbón y estériles, que mediante una cinta transportadora una vez en superficie, son llevadas hasta el parque de carbones.
Ya estamos en quinta y ahora comienza la andadura por el pozu, las primeras galerías se presentan ante nosotros con un aspecto nada amenazador, bien iluminadas, amplias, pero la primera sensación viene a través del olfato, sin duda huele a carbón. Es un olor que me lleva directamente a las carboneras de mi vivienda infantil en Sama, donde se guardaba la hulla para atizar la cocina, una mezcla propia del mineral con la humedad, que da un olor característico y que no es fácil de olvidar. El aire es la segunda sensación, nos da en el cogote. Mientras el suelo permanece lleno de barro y agua entre las vías y solo cuando el aire que discurre por las galerías nos da de frente, se empieza a enrarecer ligeramente, el barro se transforma en polvo y la mina de repente adquiere otra dimensión. La apacible galería da paso a la la rampla (zona de extracción y que comunica plantas), comienza a presentar cambios de nivel, hay que salvar los obstáculos ,en forma de raíles, cuadros de mina, madera, charcos , cinta transportadora, material de mantenimiento …Vamos camino de séptima (la planta 7ª ) pero antes hacemos una incursión hasta dar con el minador, que es una máquina rozadora para abrir galerías. Un grupo de mineros acondiciona el puntu (area de trabajo).El encuentro de los dos grupos es un directo intercambio de comentarios. En el suelo, desparramados sin ningún orden, permanece la “maera”. En realidad son unos listones de mas o menos un metro de largo , que sirven para “embastonar”, que no es otra cosa que colocar los listones sobre un emparrillado metálico, que añadido a los cuadros, soportan el techo y los muros de la galería.
En broma se nos invita a “dar tira” que consiste en ir pasando la madera de brazo en brazo a otro compañero, para realizar la labor de embastonar y antiguamente la de postiar, que consistía en un trabajo manual mucho más exigente, que requería destreza y fuerza y mediante el “hachu” (hacha de mina), dar la medida y la forma adecuada para que los avances conseguidos con el martillo picador no se vinieran abajo. La expresión “dar tira”, se trasladó del interior de la mina al exterior, a la vida común. A veces, viviendo en las Cuencas Mineras, esa diferencia entre el exterior y el interior apenas existía. “Dar tira”, “dame tira”, gracias al buen hacer del grupo musical Nuberu, quedó para la historia de la música tradicional asturiana y para la historia asturiana, como un icono de solidaridad y de compañerismo. Aunque sea por una sola vez en la vida, y aunque sea de un modo totalmente simbólico, vamos dando tira hasta que nuestros pasos se dirigen a otro punto de la explotación.


Momentos antes de llegar a este punto, el aire comenzó a llenarse de polvo, lo que nos obligó a poner la mascarilla de protección. Se respira un poco peor, pero se respira. De repente el aire parece enrarecerse, en realidad es una cortina de agua pulverizada que hace de barrera para difuminar y detener el polvo. Ahí, sin duda, estaba una de las fotografías que me perdí: la pequeña luz del casco, la figura humana actuando de contrapunto y miles de gotas de agua y de partículas de polvo flotando en el ambiente. Ahí, ese era el momento. Lástima.
En el momento en el que la dirección del aire cambió dentro de la galería, y casi sin darnos cuenta, comenzamos a sudar. El brillo del sudor se reflejaba en los rostros y estos fueron modificándose por el polvo del carbón adherido. Como una fina capa de maquillaje, la parte de la piel expuesta, modificaba su aspecto y todos adquiríamos una nueva dimensión. Más tarde, ya en casa, pude comprobar la dificultad de limpiar la cara bien, mis ojos tenían un película de carbón, a modo de maquillaje con rimel. Había visto tantas veces esas caras de mineros, que parecían maquillarse, que aún así no acertaba a asimilarlo. Después de mucho enjabonar conseguí volver a la normalidad.
Para pasar a septima (7ª galeria) tuvimos en realidad mucha suerte . El segundo grupo de mineros con el que contactamos estaba trabajando con el automarchante, otra máquina para extraer carbón y que a través del pancer ( cinta transportadora blindada) realiza a la vez las tareas de entibación ( soporte para que no se venga abajo la rampla) y de extracción de carbón. El automarchante en esos instantes esta averiado.Su funcionamiento nos hubiera hecho avanzar entre una nube de polvo y una total oscuridad. En ese momento solo están picando con el martillo compresor y desde lejos oíamos ya su característico sonido. Mario, que fue minero de interior y que lo sigue siendo en el exterior, es bien recibido por sus compañeros, y cuando digo bien recibido es cierto que es así. Aunque pudiera no parecerlo, porque el lenguaje de la mina, que también es el mismo de la calle en las cuencas mineras, es rudo y duro donde los haya, sobre todo para alguien que no esté acostumbrado. Las bromas y comentarios van en esa dirección e inevitablemente sale el tema del futbol. Dicen que los mineros dentro de la mina solo hablan de futbol y de mujeres y afuera de mujeres y de futbol. Algo de cierto hay, pero los mineros no lo dudéis también hablan de otras cosas. Cuando estás en un ambiente hostil, y el interior de la mina rotundamente lo es, siempre se trata de aliviar la situación de alguna manera, hablar de cosas intrascendentes, cantar o contar chistes ayudan, a llevar de la mejor manera posible el duro y expuesto oficio de minero.


El paso por la rampla del automarchante se me antoja como el más complicado de la visita. El espacio es reducido, metro y medio de ancho, compartido entre los soportes de entibación, el pancer, y la zona de extracción. La altura, no alcanzaba el metro. Allí permanecimos un espacio de tiempo que calculo sobre veinte minutos, no llevaba reloj, para no agobiarme y porque por seguridad los elementos electrónicos no están permitidos. La sensación allí era un poco agobiante, poco espacio, calor, polvo en el ambiente y estábamos parados. Era necesario mantener la calma. Pequeñas porciones de carbón se desprendían delante de nuestros ojos. Por encima, más de doscientos metros hasta la superficie. Iba observando como se disponía todo a mi alrededor: el mecanismo del automarchate, los escudos que así se llaman dan protección contra los desprendimientos y soportan el avance de la maquinaria sobre el techo de la mina. Procuro no pensar en todo lo que tengo ni de frente ni por encima, hasta que nos comenzamos a mover encorvados y superar ese tramo de la rampla. Al final parecía que incluso no tenía salida, pero salvando una pequeña y encharcada curva se superaba el peor tramo de toda la visita.
El casco me había protegido una media docena de veces de golpes, pues las alturas y las referencias no son constantes y tienes que ir pendiente de varias cosas a la vez, para no perder detalle. Pero ya en zona más tranquila, y después de caminar como un par de kilómetros más, llegábamos a la zona de embarque. No penséis que es como la zona de embarque de un aeropuerto. Estás a punto de ganar otra vez la superficie, una vez que la jaula se detenga en séptima y nos lleve a la superficie, a ver otra vez la luz del sol. Mientras permaneces a la espera, en el embarque, vas viendo pasar el skip a velocidad casi supersónica, once metros por segundo, ves el cableado que lo soporta y lo impulsa moverse vertiginosamente. El embarque es una espacio amplio, pero cuando en otro tiempo los mineros eran muchos más de los que son ahora, por pura lógica, se arremolinaban para salir, y allí el ambiente de “provocación “ era mucho mayor: más bromas, más puyas, más de todo un poco … algún pescozón ,empujón, algún comentario de tono más elevado. Escrito con tiza, y en cualquier espacio del embarque, aparecía las palabras : “cornudo”, “vago” … dirigidas a algún compañero. Es o era como un juego escolar pero con un escenario mucho más complicado. En el fondo nadie insulta a nadie, es solo ese juego de la provocación, ese modo de ver la vida, tan minero y tan asturiano, esa sorna y esa retranca tan permanente en la%

viernes, 6 de septiembre de 2013

Es la hora de cenar

Es la hora de cenar by Argayu
Es la hora de cenar, a photo by Argayu on Flickr.

En la Plaza del Fontán, se sitúa Casa Ramón.Dentro de un enclave privilegiado de la ciudad de Oviedo y de su casco histórico, Casa Ramón, tiene dos terrazas, una orientada hacia el recinto semicerrado de la Plaza , donde las gentes cenan placidamente y otra terraza que entremezclada con el tránsito de los viadantes, da vistas a la tradicional Cañu del Fontán. La memoria popular ovetense recoge una copla del poeta Luis de Tapias, dedicada a las personas altivas y estúpidas:

Caño de tan bajo trazo
hacía al más alto ser
doblar el recio espinazo
al inclinarse a beber.
Y tan humilde ejercicio
iba quitando, en verdad,
a muchas gentes el vicio
de su altiva vanidad.
En Oviedo, cuando alguno,
por su abolengo o su prez
presumía, inoportuno,
de mal fundada altivez
la turba de gente nueva
decía de tal truhán
hay que llevalu a que beba
en el cañu del Fontán.

Ciclistas en el túnel

Ciclistas en el túnel by Argayu
Ciclistas en el túnel, a photo by Argayu on Flickr.

Los ciclistas avanzan entre la oscuridad del túnel, el ruído de los motores de los coches que rebota y se expande desde la bóveda y el pavés, enemigo natural de los 18 milimetros de los tubulares que montan sobre las ruedas.
Todos los ingredientes unidos para que ocurra alguna desgracia.Espero que la suerte acompañe a los amantes de la bicicleta, con los que compartí en otros tiempos muy buenos momentos, a los que tengo que añadir, mis salidas en solitario que tanto me gustaban.